“Estas tres retrasadas que me están volviendo a mí todavía más retrasada”
Sobre los cuerpos no productivos, los cuidados y las instituciones totales (parte III)
“Entonces mi tío
le respondió que si acaso era Mamen médica como para estar tan segura de si yo
estaba sana o no, y que si eso de menos sana de la mente quería decir que yo
estaba loca” (p. 97)
Siguiendo las entradas anteriores, sobre la locura y la psiquiatrización, terminaremos este recorrido por las
mismas instituciones totales que mencionamos en la primera parte: las que
cuidan de personas que parecen ser incapaces e inofensivas. En este caso,
abordamos la discapacidad, los RUDIS y los CRUDIS y la teoría crip a
través de Lectura Fácil. La novela de Cristina Morales presenta la
historia de Nati, Patri, Marga y Àngels, cuatro discapacitadas intelectuales
que viven en un piso tutelado. La historia gira en torno a varias tramas y
aborda muchos temas, desde el caso de okupación de Marga a su esterilización
forzada, pasando por las clases de baile de Nati, la historia de su pasado en
los CRUDIS y RUDIS o su convivencia en el piso.
Morales utiliza una mezcla de voces
que van tejiendo esta historia, saltando de trozos de una novela que escribe
Àngels con el método de la lectura fácil, a declaraciones ante un juzgado,
narraciones más clásicas de Nati e incluso actas de okupación. La novela fue
premiada con el Premio Herralde de Novela, pero también despertó ciertas
polémicas sobre el realismo, la fidelidad del discurso e incluso cuál debería
ser el lugar de Morales contando esta historia.
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| Cartel de la adaptación teatral de Lectura Fácil dirigida por Alberto San Juan |
“Los retrasados
mentales son una de las muchas categorías que el poder usa para delimitar a una
parte de la población y justificar sus medidas represoras hacia ella” (p. 364).
Nati es muy crítica en Lectura
Fácil contra el sistema: arremete, desde el punto de vista anarquista,
contra las instituciones, el control al que se someten los cuerpos discas, la
danza clásica, las asambleas anarquistas a las que va Marga y su corrección
política y contra la psiquiatría, a la que califica de “fascismo médico”. Son
precisamente la medicina y la psiquiatría las que deciden que cuerpos y mentes
están sanos y cuáles son neurodivergentes (o enfermos), y también qué cuerpos
son capaces y cuáles discapacitados.
Así lo expone la teoría crip.
En el artículo Teoría Tullida, un recorrido crítico desde los estudios de la
discapacidad o diversidad funcional hasta la teoría crip de Laura Moya se
explica que la categoría de discapacidad y capacidad están bien diferenciadas,
siendo el cuerpo no disca la categoría natural que genera la discapacidad desde
la deficiencia y patología. Desde los estudios crip se reivindica el
potencial anárquico de la discapacidad para desestabilizar, como hace Morales
desde su novela, especialmente a través del personaje de Nati.
Lectura Fácil hace
alarde de las ideas de la teoría crip en muchos sentidos, especialmente en la
relación con el anarquismo, reivindicando los cuerpos-mentes discas, su
sexualidad, su existencia y libertad. Pero más concretamente, vemos que aplica
ideas como la de la reapropiación de los insultos, proveniente de la teoría
queer (maricón, raro) y aplicado al utilizar el diminutivo de cripple
(tullido, lisiado). Apropiarse de estas palabras busca crear incomodidad en
todos los sentidos, como expone la propia Morales en esta entrevista para Pikara: “La discapacidad existe porque es un concepto creado desde y por el
poder, […]. Es un eufemismo. Antes se decía subnormal o retrasado. Ahora se usa
diverso intelectual, que es otro eufemismo. Se viene transformando porque
designa una realidad incómoda. Somos incapaces de considerarnos iguales
realmente”. La palabra es un espacio de resistencia y las protagonistas de la
novela lo tienen claro, utilizando continuamente estas denominaciones:
“Yo,
sencillamente, todo lo que quiero es no vivir más con estas tres retrasadas que
me están volviendo a mí todavía más retrasada” (p. 47)
Moya, en su artículo sobre teoría
tullida, expone también la posibilidad de los futuros crips. Si las
personas consideradas capaces son la norma, las consideradas incapaces deben
adecuarse a ellas. Lo vimos también en la enfermedad mental. Estas personas
deben cambiar, curarse: deja de escuchar las voces, ponte una prótesis,
levántate de la cama, sé productive, encaja en el molde. Por eso, la teoría crip
manifiesta que no sólo los cuerpos que desde la medicina se consideran discas
lo son, ya que todos los cuerpos-mente son potencialmente crip al no
poder encajar en el ideal que se espera desde el sistema capitalista
neoliberal. Todos los cuerpos fracasan, ninguno puede mantener ese prototipo
todo el tiempo. Lo refuerza también Nati: “El espíritu de superación es el
eslogan urdido por el departamento de marketin del darwinismo social para
hacernos creer en el esfuerzo como medio de consecución de la felicidad” (p.
179).
Por otra parte, que todos los
cuerpos sean potencialmente crip no sólo indica que no podamos alcanzar
el ideal capitalista de producción, sino que además la discapacidad puede
llegarte en cualquier momento, como le pasó a la propia Nati. El “fascismo
médico” es aquel que transforma a todas las personas para que sean normativas.
Y, si no pueden serlo, como pasa con les loques, se les encierra.
“Yo el otro día
pedí el deseo de que no fueran todavía las once de la noche para no tener que
volver a la RUDI y miré el móvil y se cumplió” (p. 281)
Aunque Lectura Fácil se
desarrolla cuando las protagonistas están en un piso tutelado, Àngels escribe
una novela durante la historia en la que cuenta su pasado en los CRUDIS. Una vez más, volvemos al tema que nos ocupa las últimas entradas: las
instituciones totales. De nuevo, veremos cómo el relato de Àngels encaja en
las características de esta clase de centros, comenzando por este fragmento en
que Nati, hablando con Ibrahim, compara la RUDI con otra institución total:
-
“Claro, los carceleros tienen turnos, no tienen
custodiados fijos. Los presos somos una mercancía perfectamente intercambiable
–[…].
-
¿Presos como en la cárcel?
-
La cárcel de la RUDI.
-
Es verdad que muchas veces no nos dejan salir ni aunque
lo pidamos por favor” (p. 385)
Aunque en los CRUDIS y RUDIS no
siempre hay un encierro total y se permite salir de vez en
cuando, bajar al pueblo, visitar el mercadillo, ir a las fiestas en verano o a la
discoteca (como explica Àngels que hacían en el CRUDI viejo), entra en la
categoría de institución total. Así lo narra Patri:
“Ahí sí que eran
carcas y nos tenían a todos infantilizados. ¡Si no le podías dar ni un beso en
la boca a un compañero sin que llegara una cuidadora y te separara, y luego
encima se reía de ti! ¡Si por no poder no podías ni tocarte porque la monitora
de turno te sacaba la mano de las bragas! Y de mantener relaciones sexuales
seguras y saludables ni hablamos, o sea te metías con algún compañero en el cuarto
de baño y te echaban la puerta abajo y luego, encima, refuerzo negativo. […]
¿Sabe usted cómo lo pasó Margarita allí? ¡Tenían hasta que atarla a la cama!”
(p. 146).
No hace falta repetir de nuevo todas
las características que Goffman señala en esta clase de instituciones, pues ya
quedaron expuestas en entradas anteriores. Pero con este pequeño párrafo vemos
varias de las mismas: la vigilancia continua, las monitoras/enfermeras que se
creen superiores, la falta de intimidad y de autonomía e incluso los castigos y
refuerzo que llegan a comportamientos violentos. Estas violencias las cuenta también Àngels: “a veces echábamos de menos nuestros pueblos. Había gente que
los echaba tanto de menos que se escapaba y había que llamar a la Guardia
Civil. O gente que se ponía a gritar y que les pegaba a las trabajadoras
sociales o les tiraba de los pelos y ellas les tenían que dar una torta,
castigarlos y encerrarlos bajo llave” (p. 331-332).
Pero, como la propia protagonista
expone, lo peor era la medicación. Aquí nos encontramos de nuevo con la
psiquiatrización: a Marga, a quien intentan enseñarle mediante charlas de educación
sexual cómo relacionarse en lo íntimo, le diagnostican depresión y la medican. Lo
expresa de nuevo Patri en una de sus declaraciones: “Yo no sé qué cojones
tienen los psiquiatras con el Tripteridol que pa to lo mandan, oiga.
¿Alteraciones de la conducta? Tripteridol. ¿Esquizofrenia? Tripteridol.
¿Depresión? ¡Tripteridol también! ¿Qué tienen que ver un alterado de conducta,
un esquizofrénico y un deprimido? ¡Si es que hasta parece el principio de un
chiste de Lepe!” (p. 151). Igualdad de tratamiento para igualar las conductas:
que todo el mundo sea lo más normal posible.
“Estas pastillas
y esas inyecciones eran lo peor del mundo. Te volvían tonto, todo lo hacías muy
lento, hasta tragar la comida o toser cuando te atragantabas” (p. 341)
No solo la psiquiatría medica, también en las residencias se obliga a tomar cosas (o a dejar de tomarlas, como a Àngels, que la ponían a dieta y controlaban su alimentación). El episodio más claro es cuando Patri y Marga se subieron a la ventana gritando que o las sacaban del CRUDI o se tiraban. Cuando consiguen convencerlas las trabajadoras, se las llevan y le ponen una inyección a cada una. Al hablar con Mamen y la psicóloga, Àngels se queja de que sus primas no pueden expresarse bien porque están medicadas. Este es el momento en que Àngels se da cuenta de que deben salir del CRUDI, donde esta clase de violencias –atarlas a la cama, darles medicación sin su consentimiento, ocultarles información sobre sus propios casos y estados y castigarlas, ¿a qué nos recuerda esto?— son habituales.
Explica Goffman que en las
instituciones totales se produce una desculturización, un “desentrenamiento”
que incapacita a las personas que estuvieron internadas para volver al mundo
real. Vimos que salir del psiquiátrico y volver a la vida era complicado, pero
el caso de nuestras protagonistas es diferente, porque incluso cuando salen
siguen institucionalmente vigiladas. Tienen que pasar las facturas –consiguen
siempre comprar cerveza y que se lo camuflen como otros gastos en el
ticket—reciben visitas sorpresa en su piso para ver qué horarios tienen, si
está limpio, cómo se comportan… y cualquier error que no encaje con lo que la
normalidad espera de ellas puede devolverlas a la casilla de salida, al
encierro. Lo dejan claro en una de las reuniones anarquistas:
![]() |
| Ilustración sobre interseccionalidad entre feminismo y lucha disca de mi compi de piso Marta K (@matrakas__) |
Una de las tramas principales, la de la esterilización forzada de Marga (¡otro gran ejemplo de cómo se les quita autonomía y poder de decisión!), destaca una y otra vez su gran actividad sexual. En estos ejemplos, se repite que Marga se acuesta tanto con hombres como con mujeres. Me parece especialmente interesante que Marga sea un personaje tan a gusto con su sexualidad como para mantener relaciones con un chico que sospechan es secreta, con uno de los participantes de la asamblea anarquista, incluso con Nati, porque como expresa Moya en la teoría tullida, los cuerpos discas son considerados sin deseo.
Ya no es solo que no se entienda a
las personas discas como potencialmente sexuales, si no que son cuerpos no
deseables. En el documental Yes, we fuck! (2015, Antonio Centeno, Raúl
de la Morena), al inicio, se explica: “Tenemos que tener en cuenta que el deseo
es algo construido, es decir, si […] todo lo el rato los cuerpos que estás
viendo en la pornografía son unos cuerpos muy concretos al final, al ser el
deseo construido, acabas deseando eso porque piensas que eso es lo único que
es deseable”.
Las protagonistas de Lectura
Fácil no tienen solo relaciones de parentesco; también se quieren, se
acuestan, y sobre todo se cuidan. Se enseñan a leer, se ayudan, se
regalan fanzines, se tienen en cuenta y se acompañan. A pesar de enfadarse, de no soportarse a
ratos, los cuidados están presentes en el libro. Y los cuidados son muy
importantes con esta clase de cuerpos “no capaces”, como se expresa en la
teoría tullida, porque al romper con la autosuficiencia y hacer tan patente su
vulnerabilidad y dependencia, consiguen que estas tengan potencia política.
Sobre los cuidados, me gustaría
mencionar el documental David Holmes: The Boy Who Lived (Dan
Hartley, 2023, disponible en HBOMax). La película habla sobre David Holmes,
el doble de acción de Harry Potter que se quedó discapacitado durante el rodaje
de una de las últimas películas por un accidente laboral (volvemos a la idea de que
lo crip puede llegar en cualquier momento). En él aparece Tommy Wells,
uno de los mejores amigos de David Holmes y su asistente. El entrevistador le
dice a Tommy que debe ser una gran responsabilidad para él que ese sea su
trabajo, y él le corta: “No. No, es pasar el rato con mi mejor amigo. No
es una responsabilidad. Para mí es algo natural”.
Los cuidados son importantes, los cuidados son revolucionarios, pero también son la puerta de entrada a la institución total. Este es un lugar donde se cuidará a las personas que no pueden cuidarse a sí mismas, porque, como mencionamos en la vejez, cuando eres un cuerpo no productivo, no puedes arrastra al resto contigo: la gente no puede paralizar su vida para cuidarte, ¡debe seguir produciendo! Y tú a una institución total, sin prácticamente autonomía, identidad, libertad. Cristina Morales reivindica en su obra que los cuerpos discas son normales, son dignos, son revolucionarios, políticos, deseables, que cuidan y saben cuidar.
A pesar de mezclar diferentes ideas, obras literarias y audiovisuales en un collage un poco extraño y caótico, con este repaso queríamos poner de manifiesto cómo actúan las instituciones totales, cómo se aplican sus características a la hora de normalizar los comportamientos, buscar la inserción en la norma de las personas que aparentemente no encajan o mantenerlas en un sitio en el que no tengan que depender de otras personas. La vejez, la locura, la discapacidad –y demás—son corregidas, perseguidas, controladas, ocultadas, escondidas. Hay qué repensar nuestras instituciones totales, nuestra concepción sobre la normatividad y productividad, y, sobre todo, entender que ningún cuerpo merece ser encerrado. Para terminar, mejor tomo prestadas las palabras de Patri en Lectura Fácil: "¿Qué más hace falta para que el mundo se dé cuenta de que la discapacidad intelectual tiene mucho que aportar a la sociedad?" (p. 152).


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