"Y si alguien encuentra este diario, y lo lee, y llega a la conclusión de que estoy loca... estaría en lo cierto"

 "Y si alguien encuentra este diario, y lo lee, y llega a la conclusión de que estoy loca... estaría en lo cierto"

Sobre los cuerpos no productivos, los cuidados y las instituciones totales (parte II)

Fragmento del mapa que Leonora Carrington pintó durante su instancia en un sanatorio en Santander. La imagen completa incluye una leyenda con observaciones como "Calle del Mundo Exterior"
 

       “A diagnosis!” (Rebecca Bunch en Crazy Ex-Girlfriend)

Recuperando referencias de entradas anteriores y aprovechando de nuevo este blog para hacer un collage de las cosas que me gustan, regreso a la ya citada Crazy Ex-Girlfriend. Durante la serie, Rebeca toma decisiones impulsivas, comete verdaderas locuras (como mudarse a la ciudad de West Covina para recuperar a un amor antiguo y pasajero) y numerosos actos delictivos, destroza su vida y sus relacionas de formas diferentes una y otra vez y acude varias veces a ver a su terapeuta, a la que rara vez hace caso. En resumen, el propio título de la serie iba avisando: esta tía está loca (y es la exnovia de alguien).

Aun así, no es hasta la tercera temporada que Rebeca consigue lo que tanto esperaba: un diagnóstico. ¡Efectivamente, esta tía está loca (diagnosticada)! A Rebeca esto era lo que le hacía falta para poder tratar lo que le pasa y entender que su locura no es culpa suya. Como es un musical, la protagonista canta toda una canción esperando a su nuevo diagnóstico: “I'm aware mental illness is stigmatized / But the stigma is worth it if I've realized / Who I'm meant to be armed with my diagnosis”. La conclusión llega poco después: un trastorno límite de personalidad explica todas sus locuras previas.


“Miércoles, 10 de julio, 1996. Día 1. Libertad [...]. Y si alguien encuentra este diario, y lo lee, y llega a la conclusión de que estoy loca... estaría en lo correcto” (Rae en My Mad Fat Diary)

Este es el monólogo interior de Rae en una de las primeras escenas de My Mad Fat Diary. La serie da comienzo cuando la protagonista sale del hospital psiquiátrico en el que estaba ingresada y retoma su vida. Rae tiene que volver al mundo real de golpe: su amiga Chloe y la nueva gente con la que se junta –a los que les dice que pasó las vacaciones en Francia para evitar hablar del hospital– la relación con su madre, la comida, su nuevo terapeuta. Estuvo en el hospital por un trastorno alimenticio (que la lleva continuamente al binge eating), ansiedad y autolesiones. El primer capítulo termina con una quedada de piscina. Al ponerse el bañador e intentar tirarse por el tobogán Rae se queda atascada, quedando a la vista los cortes en sus piernas. Rae le pide a Chop, uno de la pandilla, que utilice sus “grandes músculos” para sacar su “culo gordo” del tobogán.

No me detendré mucho en estas series, pero me parecía interesante mencionarlas. My Mad Fat Diary es lo que hay después del hospital psiquiátrico (aunque Rae regresa varias veces, sobre todo a visitar a su amiga Tix). Crazy Ex-Girlfriend sería lo que normalmente hay antes de internar en el hospital (aunque este acontecimiento no llegue en la serie). Psicosis 4:48 y Memorias de abajo nos ayudarán a entender qué pasa durante la instancia en el hospital psiquiátrico, y además, qué es. 

Está entrada está descolocada cronológicamente, pero tiene una razón de ser. Hablamos en la entrada anterior de las instituciones totales de Goffman, aplicadas a la residencia de ancianos. En su clasificación, el autor diferencia cinco tipos distintos: las que cuidan de personas incapaces e inofensivas; las de personas incapaces de cuidarse a sí mismas que además son una amenaza involuntaria para el resto; las que protegen de personas que conscientemente son un peligro; las destinadas a cumplir una tarea o trabajo y las de formaciones religiosas. Continuando con el tema y permitiéndome un desorden de las aulas, hoy nos centramos en las segundas, los hospitales psiquiátricos y cómo el diagnóstico puede ser algo positivo (te ayuda a entender qué te pasa y potencialmente puede ayudar a sanarlo) pero también algo que te encierre en una institución total.

Leonora Carrington comenzó a escribir el 23 de agosto de 1943 sobre su estancia en un psiquiátrico en la época del franquismo. Así da comienzo a su relato: “Hace exactamente tres años estuve internada en el sanatorio del doctor Morales, en Santander, España, tras declararme irremediablemente loca el doctor Pardo de Madrid y el cónsul británico” (p.19). Haciendo un ejercicio de memoria que le ayude a entender mejor su propia experiencia, Carrington narra cómo se fue volviendo loca mientras se encontraba en España. En medio de su locura, la artista fue violada grupalmente por varios oficiales españoles, lo que empeoró su estado. Poco después del abuso se convenció de que si hablaba con Franco podría acabar con la guerra, así que contactó al cónsul británico para que la ayudase en su misión:

“Este buen ciudadano británico se dio cuenta en seguida de que estaba loca, y telefoneó a un médico llamado Martínez Alonso, el cual, una vez informado de mis teorías políticas, coincidió con él. Ese día se me acabó la libertad” (p. 31)

El relato de Leonora Carrington en el sanatorio del doctor Morales es desgarrador, ya que narra con detalle la violencia a la que fue sometida durante su estancia a la vez que sus delirios de locura. Su diario y memorias, junto con el texto de Sarah Kane, nos ayudarán a ilustrar de nuevo las características de las instituciones totales de Goffman en el ejemplo de los psiquiátricos.


Cuadro Down Below de Leonora Carrington, pintado durante su estancia en España inspirado en el sanatorio

Una de las particularidades más acusadas es el encierro en un lugar, como el sanatorio que Leonora pinta en su mapa y que está formado por varios edificios diferentes. Carrington describe su habitación del sanatorio enumerando las pocas cosas que hay: un armario, una mesita de noche, una silla, una cama. Según Goffman, el conjunto de pertenencias de un individuo tiene relación con su propia identidad. Las instituciones totales apenas permiten que tengas cosas: “yo sabía que en el armario que se llevaban, cerrado con llave, estaban mis ropas y unos pocos objetos de mi propiedad” (p. 50), narra Carrington.

También está presente la vigilancia en ambos textos, ya que Carrington y Kane están bajo supervisión mientras están ingresadas. Esto va acompañado, como es de esperar, de la falta de intimidad: se puede entrar y salir de las habitaciones psiquiátricas al gusto. En palabras de Goffman (1972): “ni los presos ni los enfermos mentales están en condiciones de evitar que sus visitantes los vean en circunstancias humillantes” (p. 36). En las de Carrington, cuando recibe la visita de su antigua niñera: “[ella] no esperaba encontrarme en un manicomio; creía que iba a ver a la niña sana que había dejado hacía cuatro años” (p. 67).

Estos ejemplos muestran cómo las instituciones totales borran la identidad, intimidad y autonomía de las personas a las que encierran. Pero sin duda lo más grave es el caso de la medicación o alimentación: narra Carrington cómo le inyectan medicamentos sin querer ella; expone Kane, en la tercera página de su monólogo, “me aterra la medicación”. Siguiendo su obra, acepta:

“Está bien, hagámoslo, tomemos las medicinas, hagamos la lobotomía química, bloqueemos las funciones superiores de mi cerebro y a lo mejor soy un poco más capaz de vivir, ¡joder!” (p. 16)

Cuando Leonora Carrington se niega a comer, explica: “la tarde de mi llegada, don Mariano […] había intentado convencerme para que comiera y yo le había arañado. Me había abofeteado y atado con correas, y me había obligado a tomar alimento a través de unas cánulas introducidas por las ventanas de la nariz” (pp. 35-36).

El episodio violento que describe Carrington –uno de tantos de los sufridos—hace referencia a otra de las características de esta institución, las violencias, las mutilaciones, que hacen que se pierda el sentido de la seguridad personal. Explica la artista que en varias ocasiones la ataban “como a un animal salvaje”, alegando que ella tenía episodios de violencia previos. En muchos casos, estaba desnuda:

“En Covadonga me arrancaron brutalmente las ropas y me ataron con correas, desnuda, a la cama. Don Luis entró en mi habitación a mirarme. Yo lloraba copiosamente, y le pregunté por qué me tenían prisionera y me trataban tan mal. Se marchó inmediatamente sin contestarme” (p. 42)

Sarah Kane también habla, aunque sin denunciar casos tan violentos, de cómo le tratan los médicos/vigilantes:

“Una sala de caras inexpresivas que miran fijamente mi dolor sin comprender, tan vacías de significado que debe haber mala intención. El Dr. Esto, el Dr. Lo otro y el Dr. Nosecomo que solo pasaba por ahí y pensó que podía entrar un momento a cachondearse también. […] Médicos inescrutables, médicos sensatos, médicos poco convencionales, […], que hacen las mismas preguntas, que ponen palabras en mi boca, que ofrecen curas químicas para la angustia congénita y se cubren el culo unos a otros” (p. 6)

Puede parecer que estos ejemplos son antiguos y concretos, y que no todas las instituciones psiquiátricas tratan así a sus “pacientes”. Es cierto que en el franquismo la psiquiatrización se utilizó como medida de represión para personas de izquierdas, llegando a investigarse mediante experimentos qué hacía a las personas marxistas, como recoge Alejandro Torrús en el artículo Franco,en busca del ‘gen rojo’ de la inferioridad para Público.

La despersonalización y malos tratos que se dan en los psiquiátricos no tienen por qué implicar siempre una violencia tan extrema como la que narra Carrington. Son más típicos los casos cercanos al de Kane: medicación forzada, médicos poco empáticos, una lista infinita de diagnósticos y pastillas (como ella enumera: sertraline, zopiclone, melleril, lofepranine, citalopram, lofepramine y citalopraxn…). El Colectivo Orgullo Loco recogió hasta 2021 más de sesenta testimonios de violencia psiquiátrica en su página Orgullo Loco Denuncia que narran desde burlas y continua medicación hasta cómo personas eran atadas a las camas y castigadas en habitaciones durante días. Pikara Magazine también tiene dos artículos interesantes sobre esta clase de violencias: Vulneración de la dignidad de personas psiquiatrizadas en residencias y Abusos sexuales en psiquiatría, ¿hasta cuándo? Este segundo artículo, escrito por Marta Plaza en 2020 parte del caso de un psiquiatra de Valencia juzgado por violar a una paciente durante varios años, señalando otros casos similares y la doble opresión que viven las mujeres psiquiatrizadas.

Los casos expuestos de textos literarios y audiovisuales coinciden todos en una cosa: las protagonistas están locas. Es importante señalar el sesgo de género en la psiquiatría. Chesler, en Mujeres y Locura, habla sobre el doble estándar de la psiquiatría y salud mental. Es fácil pensar en el caso más pertinente: el trato de la histeria femenina. Al tiempo que la medicina históricamente ignoró los malestares femeninos, cae rápidamente en la medicación, psiquiatrización y encierro por problemas que en otros casos serían tratados desde otras perspectivas.

Con el encierro viene la despersonalización de la que hablaba Goffman, la pérdida de identidad, la culpa (muy mencionada en el texto de Kane) y la estigmatización. Las dos autoras tratadas muestran su locura y las consecuencias del encierro. My Mad Fat Diary va un paso más allá: lo complicado que es volver a la vida una vez estuviste encerrada en una institución total. Crazy Ex-Girlfriend presenta, por lo menos, un caso más amable: pueden existir locas felices (siempre y cuando controlen su locura).

“Para la felicidad de mi prima y el avasallamiento de ese fascismo terapéutico, el tratamiento que proponía y finalmente impuso el fascismo médico, o sea la psiquiatría, fue un comprimido de Tripterdidol cada doce horas durante dos meses […]” (Nati en Lectura Fácil, p 78.)

Así define a la psiquiatría una de las cuatro protagonistas de la novela Lectura Fácil, de Cristina Morales: fascismo médico. Quizás este término sea un poco contundente, quizás hay que aceptar que la medicación y psiquiatría son necesarias en algunos casos (o quizás no). En Crazy Ex-Girlfriend se aborda el estigma de otra manera, cuando da miedo tomar pastillas por lo que puedan causar (en todos los sentidos). La canción Anti-depressants are so not a big deal explica varias situaciones en las que la medicina sí ayudó a los personajes ficticios que la cantan. 

Este tema, personalmente, me plantea muchas dudas, entre otras cosas porque no soy ni médica, ni psicóloga ni psiquiatra. No sé cuándo es necesaria y cuándo no una medicación. Aun así, es llamativo que, de todas las disciplinas médicas, la psiquiatría sea la única que tenga un movimiento social contrario tan potente como la antipsiquiatría. Al fin y al cabo, se trata de convertir lo cuerpos que no son productivos (porque están locos, deprimidos o “insanos”) en cuerpos que sí puedan trabajar, ya sea a golpe de pastilla, alimentación forzosa o camas con ataduras. La institución total es el lugar en el que conseguir que las personas neurodivergentes se vuelvan normativas, o por lo menos, un sitio en el que no molesten con sus disidencias.

Entendemos que Nati se refiera a la psiquiatría como “fascismo médico”, especialmente si pensamos que ella y las otras protagonistas de Lectura Fácil, Patri, Marga y Àngels, comparten experiencia con estas locas de las que hablamos hoy: ellas también estuvieron encerradas en una institución total.

 

 

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