"I try to have one, it just turns into ten!"

"I try to have one, it just turns into ten!"

Sobre los borrachos graciosos, los deprimentes y los demás

Cuando estaba en el instituto no había nada mejor que entrar en clase y encontrarnos con que estaba ahí Alberto. Iba por todos los centros dando charlas educativas sobre diferentes temas. En la ESO teníamos claro cuales preferíamos; las peores eran las de bullying (porque además las daba la Guardia Civil en vez de Alberto), y las mejores las de sexualidad, esas en las que sacaba condones, nos respondía las dudas y hablaba de las cosas con las palabras que utilizábamos nosotres.

En el medio estaban las de drogas y alcohol. Alberto se sentaba sobre la mesa y nos decía: “sé que ya bebéis, y los que no, lo haréis pronto. No estoy aquí para disuadiros, solo para intentar que lo hagáis de manera responsable”.  El primer consejo era cenar antes de beber, para hacerle una "camita" al alcohol (recuerdo un San Juan que tomé un chupito de aceite con mi hermano antes de salir porque decía que la grasa era buena para evitar vomitar). El segundo era no dejar nunca solo a un amigo borracho (ese San Juan del chupito arrastré a un colega hasta mi sofá después de que vomitase cinco veces en la playa para que sus padres no le pillasen).

La primera vez que Alberto nos habló de consumo problemático fue diciendo que si no podíamos salir de fiesta sin ir completamente borrachos teníamos un problema con el alcohol. A todes nos pareció una tontería. Era lo normal: hablar de con quién compartir. Ir a comprar bebida y mezcla al supermercado. Cenar mientras preparamos el kalimotxo en una botella de plástico. Meterlo todo en el congelador de fuera para que no nos pillasen. Salir de casa diciendo chao chao con el clin clin de las botellas que tiraríamos al vidrio. Llegar al helipuerto con las bolsas de plástico en la mano, imaginándome a cámara lenta como en la famosa escena de Skam. ¿Cómo iba a ser un problema salir de fiesta y emborracharse si era lo que veía en mis series favoritas?

 

Fotograma típico de Skam, así me imaginaba yo 

Soy muy consciente de todas las escenas de series y pelis que giran en torno al alcohol: los vasos rojos, los primeros besos entre mi pareja favorita, las canciones de fondo que me guardo en la playlist de Spotify. Estos que se parecen a mí y a mis colegas no son borrachos: ¡sólo son jóvenes! Hay otros que sí son borrachos: los graciosos, como Homer Simpson o Barney, un señor con barriga cervecera y la jarra permanentemente en la mano; los deprimentes/deprimidos, como Annalise Keating pegada al vaso o Frank Gallagher sin atender a su familia. 

Soy más del estilo de Stuart Hall cuando hablaba de recepción que de la Escuela de Frankfurt. No creo que ver a gente beber en pantalla vaya a hacer que todes les espectadores descorchen un vino y se cojan un pedo frente al televisor. Pero sí creo que muchas de estas narrativas blanquean el consumo de alcohol (sobre todo entre jóvenes) y que, además, nos dan un esquema y una idea muy concreta de lo que es el alcoholismo, y no es solo que todo lo que no encaje ahí no lo percibamos, es que además no vamos a saber ayudarle.


La primera vez que leí a Lucía Berlin me obsesionó su libro. Cuando intentaba convencer a otras personas de que lo leyesen nunca lo recomendaba como “un libro de cuentos sobre alcoholismo y adicción”, aunque fuera el telón de fondo de muchos de sus relatos. Lo que más me gustaba de su obra era precisamente eso, que no son cuentos sobre una alcohólica, sino sobre una persona que además de alcohólica es madre, o cuida de su hermana con cáncer, o se enamora y le va mal, o bien, o recuerda a su propia madre también alcohólica... Como en el cuento de Hasta la vista, la adicción es una cosa que está pasando.

“—Hola —dijo.

—Max, ¿qué es eso?

—Es heroína —dijo.

Suena como el final de una historia, o el principio, cuando en realidad simplemente fue una parte de los años que vendrían. Momentos de intensa felicidad tecnicolor y momentos sórdidos y espantosos”

No quiero decir que el alcoholismo no sea un elemento central en la vida de las personas alcohólicas, sino que a veces hay que humanizar un poco a estos personajes y mostrar que son algo más que su adicción. O que la adicción no son solo los hombres con barba de tres días, vidas deprimentes y la imposibilidad para rehabilitarse. Comentamos que Lucía Berlin rompe estos esquemas al presentar a una mujer borracha, y otra serie que para mí rompe estos estereotipos es Crazy Ex-Girlfriend con el personaje de Greg.

Greg (Santino Fontana) es uno de los intereses amorosos de la protagonista. Sigue viviendo en West Covina, el pueblo en el que nació, trabaja de camarero en un bar, no le va demasiado bien en lo amoroso pero tiene muy buenos amigos, se enamora de Rebecca, le da miedo el compromiso, tiene una relación rara con su padre y es un cascarrabias. En el primer capítulo de la segunda temporada Greg desaparece. Rebecca le busca al no creerse sus excusas, y lo acaba encontrando en una reunión de Alcohólicos Anónimos.

Al ver a Greg confesando su adicción, yo y mi familia hicimos en el sofá lo mismo que Rebecca en la serie, llevarnos las manos a la cabeza y pensar: ¡Cómo no nos dimos cuenta antes! Mediante un montaje se muestran momentos de episodios anteriores en los que Greg siempre tenía una botella en la mano, hablaba sobre emborracharse o acababa desmayándose como su gesto típico en las fiestas. ¡Estaba pasando delante de nuestras narices! Todos estos momentos que la primera vez habían sido divertidos, se entienden ahora de otra forma. Greg era muchas cosas en la serie, y al mismo tiempo, era un alcohólico.

En el segundo capítulo Greg decide que va a romper el ciclo (idea muy interesante también en el libro de Berlin, lo cíclico de las adicciones) y se enfrenta a regresar a West Covina y contárselo a sus amigos. Para explicar su problema, canta Greg’s Drinking Song, haciendo referencia en tono humorístico a sus borracheras más salvajes.

"While some can enjoy / A scotch with a steak / Or one glass of wine / Then they're barely awake / For me it's much different / What happens when / I try to have one, it just turns into ten!"




Probablemente poca gente hubiese pensado en Greg como un personaje alcohólico si no se llegase a esta trama, y podría haber quedado en pequeñas bromas: "ay, el típico Greg". Crazy Ex-Girlfriend no solo muestra otro tipo de borracho, sino que además da esperanzas sin caer en el morbo o el sensacionalismo con el que a veces se tratan las adicciones: Greg se muda, retoma la universidad, se recupera y empieza a tener nuevas tramas como personaje. No todas las historias de alcohólicos tienen que terminar cuando se termine el alcoholismo.

Las imágenes que creamos y difundimos sobre les adictes influyen en cómo leemos a estas personas en la vida real y, en última instancia, en como percibimos nuestros propios comportamientos. Para hacer esta entrada busqué en internet cuales eran los episodios exactos en que se trataba la adicción de Greg y me encontré con un post en Reddit titulado This show helped me realize my problem with alcohol. El post entero es muy interesante, pero sobre todo las conclusiones de la persona que lo hizo sobre la serie y el personaje:

"When I was rewatching it [crazy ex-girlfriend], I realized, ‘Hey. That's me’. I do not want to be all sappy and go 'This show saved my life' because let's face it. It didn't and maybe I would have realized that problem myself. But it helped a lot. [...] It also goes to show that pop culture is not irrelevant and dumb as some pseudo-intellectuals would claim it is. It's important”

Es complicado darse cuenta de que eres alcohólico (o tu colega el que está durmiendo en tu sofá con un cubo al lado por si vomita, como todas las noches) si no encajas en el retrato general del alcohólico. Pero también creo que es complicado porque el alcohol tampoco es una droga tan grave. En las famosas charlas de mi instituto lo teníamos bastante claro: si todos los sábados te metes una raya de cocaína, eres adicto, si todos los sábados te bajas una botella de vino, es lo normal.

Aún así, últimamente se están blanqueando también las drogas más “duras”, o por lo menos dependiendo del contexto. No terminé de verme Élite, pero las escenas de fiesta, purpurinas y un plano de una lengua con una pastilla no se me hacen desconocidas. La otra gran serie sobre drogas adolescentes es Euphoria, un retrato radicalmente distinto. La chica drogadicta, negra y no muy adinerada que no es capaz de desengancharse y arruina continuamente su vida VS la juventud rica, blanca y guapa que se mete mdma de fiesta el día antes de un examen.

“Papá y su novia se meten cocaína. Quizá contigo morirían en un accidente de coche o quemarías la casa, pero al menos no pensarían que beber tiene glamour” 

Si al hablar de alcohol hablamos de que el alcohólico se suele asociar con el género masculino, al hablar de adicciones en general no podemos ignorar cómo se relacionan con la aporofobia y el racismo. Al final, las opresiones son intrínsecas muchas veces a nuestra mirada. En Bodies Bodies Bodies, la comedia terror de Halina Reijn, la película se desenvuelve a lo largo de una noche de juegos, confesiones, peleas y mucha cocaína. Parece que las escenas de personajes metiéndose rayas van a quedar sin abordar, pero en el momento culmen del filme en que las protagonistas confiesan secretos sobre sus propias relaciones, Sophie habla sobre su problema de adicción:

“Okay, let me get this straight. So, when the black girl has a coke habit, it’s a problem. But when everyone else around her does it, including her best friend, who happens to be white, and male, it’s fine?”

Con este repaso de personajes y narraciones intento mostrar la importancia de que los retratos sean plurales, realistas y más bondadosos con les adictes. A pesar de lo complicado que es hablar de este tipo de temas, un principio debería ser no obviar ni que son historias que existen —romper el tabú— ni la variedad de las experiencias que las forman, para que sea más fácil identificarlas y acompañarlas en la vida real.

El artículo The History of Alcoholism on TV: From Comedy to Empathy de Scott Meslow para The Atlantic hace un repaso de cómo fue cambiando el personaje del “borracho” en la televisión americana en relación a cómo cambiaba la concepción que se tenía sobre el propio alcoholismo. Lo que más me gustó fue el párrafo final:

“And if understanding a fictional alcoholic is the first step towards sympathizing with a real one, it's worth taking a moment to appreciate just how far TV's treatment of alcoholism has come—and how much it still stands to accomplish”

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