"Como chatarra que se lleva al desguace"

 "Como chatarra que se lleva al desguace"

Sobre los cuerpos no productivos, los cuidados y las instituciones totales (parte I)

Este septiembre, a la vez que se celebraba el festival de cortos en el que llevaba todo el verano trabajando, mi abuelo fue ingresado. Uno de los pocos días que pude escaparme del festival para ir a verlo con mi prima se pasó toda la tarde alucinando. Veía cosas, estaba convencido de que le habían cambiado de habitación y decía que no se fiaba de las enfermeras y no quería tomar nada que le diesen. Para él había sillas en el techo y mucha gente en la habitación. Al día siguiente, cuando estaba mejor, le dijo a mi madre “tiene que ser horrible estar loco”.

Mi abuelo se recuperó y volvió a casa mientras yo veía en ese festival cortometrajes sobre otros abuelos. Por suerte, no tuvo que quedarse más tiempo ingresado. En el relato de Munro se parte del ingreso; Fiona está en una residencia de ancianos, una de esas que Goffman calificó como “instituciones totales” en Internados: Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. El sociólogo define las instituciones totales como “lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un período apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente” (Goffman, 1961, p.13).

Pero antes de la llegada a la institución total hay otras cosas que acompañan la vejez. Por eso en esta entrada quiero presentar un recorrido por el cine de la vejez (algunos cortos que me vi en aquel festival y otros que no), desde el envejecimiento hasta la residencia de ancianos.

“Esta que está aquí presente va a estirar la pata en esta calle, o en una calle parriba, pero no más lejos” (Concha en Luisa no está en casa)

La lavadora de Luisa


Luisa no está en casa (Celia Rico, 2012, disponible en Filmin) es un corto sobre la soledad en la tercera edad. La protagonista, Luisa, es una señora mayor que vive con su marido de edad semejante. Ella es la encargada de las cosas de la casa y la cotidianeidad: darle las pastillas, ayudarle con la ropa, poner y quitar lavadoras. Que los cuidados recaigan sobre las mujeres no es algo nuevo, y así lo expone también Munro: “las mujeres limpiaban temblorosas barbillas llenas de saliva y los hombres miraban para otro lado”.

Cuando se avería la lavadora y Luisa tiene que ir a una lavandería, se hace amiga de una señora llamada Concha. Ella es vivaz y extrovertida, le habla a Luisa sobre que su hija la quiere llevar a una residencia de ancianos “como chatarra que se lleva al desguace”, y se niega rotundamente al ingreso reivindicando su libertad.

Salir a la lavandería es para Luisa la ruptura que necesitaba con su vida solitaria y tranquila de vejez. Tanto es así que varios días seguidos lleva las mismas sábanas a lavar solo por la excusa de ir a ver a Concha. Luisa no está en casa habla sobre todo de la soledad, del hastío, del establecer relaciones en la tercera edad. Luisa y Concha ríen y suben las escaleras, recordándonos a Aubrey y Fiona jugando a las cartas y hablando en el invernadero, o incluso a la relación que se intuye sucederá entre Marian y Grant. El cortometraje de Rico señala una soledad casi doble, porque Luisa, en realidad, no está sola. La indiferencia y falta de atención por parte de su marido hace casi más grave su abandono.

Sobre soledades habla también Miguel Canalejo en su cortometraje O Coidado (este sí tuve la suerte de verlo en pantalla grande en el FICBUEU, y no lo encontré aún disponible en ningún otro sitio), pero dando un paso más allá: la necesidad no solo de compañía, sino de ayuda. Su obra presenta un futuro en el que la Xunta de Galicia crea una Unidad de Cuidado Autónoma, es decir, unos robots humanoides que viven con personas ancianas que necesitan asistencia. Eduardo, el protagonista, un hombre mayor que se enfrenta a varias dificultades por su soledad, y tras un atragantamiento decide encender a su robot, al que llama Anxo. Descubrimos posteriormente, cuando recibe su visita, que este es el nombre de su hijo. Por su cumpleaños, Anxo y su novio comen con Eduardo y el Anxo robótico, escena en la que se ve que el androide suple casi todas sus necesidades y le mantiene acompañado. Eduardo, con rencor, les espeta a su hijo y su pareja: “vosotros no tenéis que venir tanto si no queréis”.

Eduardo es un señor solitario que además empieza a ser incapaz. Anxo es un hijo que no puede –o no quiere— cuidar de su padre. Hablamos también de los cuerpos productivos: la vejez está aceptada socialmente porque entendemos que a todes nos llegará, y se puede perdonar que estos cuerpos ancianos ya no sean productivos. Pero no perdonaremos que los cuerpos jóvenes no lo sean: si no tienes tiempo para cuidar a tus mayores (porque es más importante que lo dediques a otras cosas), otras personas –o cosas— lo harán por ti.

Canalejo, en el coloquio posterior a su proyección que se puede ver en el canal del festival, explica por qué sus personajes son hombres. Para él era importante hablar de la vulnerabilidad; aunque inicialmente el personaje de Eduardo era una mujer inspirada en su tía, pensó que era más interesante abordar la relación de los hombres con la vulnerabilidad y la incapacidad para dejarse cuidar.

“Per a ANGELINA RUSIÑOL, que va marxar i per a FINA ROCA, que la va cuidar [Para ANGELINA RUSIÑOL, que se marchó, y para Fina Roca, que la cuidó]”

Esta es la dedicatoria del cortometraje Paris 70 (Dani Feixas Roca, 2023, disponible en Filmin), recién nominado al Goya a mejor cortometraje de ficción: Àngela es una anciana con alzhéimer, Jan es el hijo que le cuida. En este filme, tras las continuas preguntas de Àngela por su marido fallecido, Jan empieza a mentirle y decirle que está de viaje cada día en un sitio nuevo. Es difícil no pensar en Munro y Fiona sin reconocer a su propio marido: “él ya no veía sentido a mencionarle su matrimonio”.

Jan cuida de su madre, pero admite estar cansado. Incluso, con la culpa y el pudor que conlleva, admite a la enfermera de su madre que a veces desearía que eso se acabase. Feixas Roca muestra la enfermedad también desde la visión del cuidador, como en Ver las orejas al lobo, pero sobre todo desde el cansancio de cuidar. Así lo expone el personaje de Marian: “La idea era ingresarlo para estar más libre”, mostrando también la complicación de su papel: “No quiero que se vuelva difícil de manejar. No quiero verlo irritado, peleón. Ya como está no me da un respiro. No tengo nadie que me ayude. Estoy sola. La ayuda soy yo”.

Jan ayudando a su madre a comer

Lo difícil de cuidar a veces pasa por el reflejo, como comentábamos al hablar de los relatos del VIH y quién visita o no visita a sus amigos en el hospital. Se aprecia en el relato de Munro antes de que la protagonista ingrese: “Cuando él y Fiona iban a visitar al señor Farquar siempre veían algo descorazonador. Ancianas con pelos en la barbilla, alguien con un ojo inflamado como una ciruela podrida. Babas, cabezas que temblaban, parlanchines locos”. Acompañar la vejez significa asumir que en algún momento te llegará a ti también.

Verás cuando tengas mi edad, pasará más pronto de lo que crees” (Anthony Hopkins en The Father)

Vimos como de la soledad se pasaba a la necesidad no solo de compañía, sino de cuidado, a la enfermedad, ¿y qué viene a veces con la enfermedad, con la vejez? La institución total. La última obra de la que me gustaría hablar es The Father (Florian Zeller, 2020, disponible en HBOMax). El protagonista es Anthony (Anthony Hopkins), un hombre mayor que niega a su hija Anne (Olivia Colman) que por su vejez necesite ninguna ayuda.

A lo largo de la película el espectador recibe la realidad de la misma forma que Anthony: personajes que cambian de apariencia, personas que están y luego no están, mensajes contradictorios y confusos… The Father está contada desde la perspectiva de la persona con alzhéimer, pero retrata muy bien lo que es cuidar y el momento en que se necesitan cuidados. Cuando Anne explica a su padre que se va a marchar a París a vivir, él responde contundente que “las ratas abandonan el barco” (ese rencor que también sentía Eduardo en O Coidado), pero al mismo tiempo se niega a tener una enfermera viviendo con él para ayudarle. Por otra parte, el personaje de Olivia Colman se muestra en varias ocasiones incapaz de acompañar a su padre, tanto por sus arrebatos de ira como por la tristeza: “No me reconoció, me afectó… esto es muy difícil. Vi en su mirada que no me reconocía, como si fuera una extraña para él”.

Al final del filme, se desvela que Anthony estaba en realidad ingresado en una residencia de ancianos, que Anne efectivamente vive en París y que Lucy, la hija por la que preguntaba continuamente, había fallecido tiempo atrás. Incluso las personas que Anthony veía aparecer y desaparecer en su piso eran trabajadoras del centro. Así, termina el filme como suelen terminar estas historias: con el ingreso.

“Siento como si estuviese perdiendo todas mis hojas [...]. Las ramas, el viento, la lluvia... Ya no sé qué es lo que me pasa. ¿Usted sabe qué me pasa?” (Anthony en The Father)

Pero, ¿qué implica el ingreso? Regresando a la idea inicial de las instituciones totales, podemos hacer un acercamiento a la definición de Goffman a través de las características presentes en Ver las orejas al lobo. En primer lugar, Goffman señala el encierro, la tendencia absorbente o totalizadora que muchas veces se simboliza con elementos como muros, paredes, rejas... En el relato de Munro los internos (así los llaman Fiona y Grant cuando van de visita) apenas salen del recinto y, es más, los de la segunda planta tienen prohibido salir.

Está presente también la vigilancia, en este caso por parte de las enfermeras, en especial de Kristy, que da la mayor cantidad de datos sobre Fiona a Grant mientras este no puede visitarla el primer mes. También vemos el aburrimiento y la organización del tiempo; en Lago del Prado hay pocas cosas que hacer, y aunque los “internos” se entretienen con juegos como las cartas, pequeños paseos o la televisión, tienen mucho tiempo libre que no pueden llenar. Por otra parte, tienen horarios en cuanto a las comidas, característica también señalada por Goffman esta de la alimentación, que vemos especialmente cuando Fiona se niega a comer por la tristeza que le causa la partida de Aubrey.

Quizás la característica más acusada es la falta de objetos y posesiones. Cuando Grant entra en la nueva habitación de Fiona señala: “El armario estaba cerrado, la cama estirada. Sobre la mesita de noche solo había una caja de kleenex y un vaso de agua. Ni una foto, ni un retrato ni un libro o revista. A lo mejor la regla era tenerlos guardados”. Explica Goffman que las pertenencias de los individuos tienen mucha relación con su yo e identidad, y que al ingresar en la institución total se le despoja de su apariencia, los instrumentos que utilizaba para mantenerla e incluso sus pertenencias. Podemos observarlo también en el aspecto de Fiona, a la que cortan el pelo y visten con ropa que, sospecha, pertenece a otras ancianas.

 

Anthony en The Father

Con este recorrido audiovisual realizamos un paseo por la vejez, desde el inicio solitario, la necesidad de cuidados, la enfermedad hasta la institución total. No es fácil ni dejarse cuidar ni ser la persona que cuida, y estos retratos, junto con el relato de Munro, dan una visión completa sobre el envejecimiento. Especialmente, Ver las orejas al lobo, Paris 70 y The Father muestran cómo se entrelazan vejez y enfermedad, pasando del olvido del alzhéimer a las alucinaciones, el enfado y el no saber qué es realidad y qué no.

Anthony Hopkins en The Father, imaginándose y confundiendo a las personas, viendo cosas que no estaban en el espacio y sin entender qué le pasaba me hizo pensar, de nuevo, en aquella tarde que mi abuelo pasó ingresado y en que se sintió loco. Al final, la vejez puede llevar a la enfermedad, y esta enfermedad en concreto puede asemejarse a la locura (en el sentido de distorsionar la realidad), y ¿Qué pasa con las personas locas? Que, siguiendo con Goffman y adelantando el contenido de las dos próximas entradas, también son encerradas en una institución total.


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